Aludes y avalanchas: protección sobre poblaciones.

Jesús Pablo Alonso Seguridad 0 Comments

ALUDES y AVALANCHAS: Protección de poblaciones e infraestructuras viarias.

Descripción.

Durante el deshielo se produce la mayor cantidad de aludes en zonas de alta montaña. La mayoría de estos aludes se producen a la llegada de la primavera cuando comienza a subir la temperatura.

Un alud o avalancha consiste en la caída brusca de una gran masa de nieve y hielo por la ladera de una montaña.

Por el arrastre del agua cuando hay grandes lluvias también es posible que estas avalanchas, en algunos lugares, sean sólo de rocas, barro y lodos que de deslizan pendiente abajo.

Zona de avalanchas en la Sierra de Guadarrama (Madrid) durante la primavera.

Aludes los hay de muchas clases y hay varias maneras de clasificarlos. Pueden ser de escasa importancia cuando la masa de nieve arrastrada es menor o bien ser de grandes proporciones cuando se trata de miles de toneladas de hielo y nieve.

A parte de la masa total de nieve y hielo que se arrastra hay que considerar por una parte la pendiente desde donde cae, lo cuál influirá en su velocidad y por tanto la cantidad de energía adquirida mientras se desliza. Por otro lado hay que considerar el área total de la superficie desprendida. Y también, en estos dos casos, si esa masa de hielo y nieve amenazan áreas pobladas e infraestructuras.

Son miles los aludes que ocurren en distintas partes del globo terrestre pero la inmensa mayoria tienen lugar en zonas que no están habitadas por las personas. En todo el planeta hay miles de kilómetros de cordilleras como los Andes, las montañas Rocosas de Estados Unidos y Canadá, los montes Urales y el Himalaya en Asia, sólo por citar algunos ejemplos.

Estas regiones son bastante inhóspitas por lo que no afecta a las poblaciones de manera general. Otros casos más concretos sí que tienen una especial relevancia como las regiones alpinas en Suiza, Alemania, Francia e Italia, o también zonas de Pirineos o ya mucho más al norte europeo los montes Escandinavos entre Suecia y Noruega.

En esos casos descritos coinciden todos los factores antes mencionados, es decir, regiones montañosas que acumulan enormes cantidades de hielo y nieve, que tienen una altura y pendiente considerables y en donde además se sitúan varios nucleos de población e infraestructuras.

Infraestructuras viarias amenazadas por riesgo de avalanchas.

Las pequeñas poblaciones situadas bajo estas cumbres han quedado afectadas en numerosas ocasiones en el pasado por la incidencia de estas avalanchas. Cuando cae toda esa masa de hielo se produce, junto al arrastre del hielo y la nieve, árboles y toneladas de rocas que el alud encuentra a su paso de modo que se convierte todo en un gran río de nieve que arrasa todo a su paso.

Se calcula que entre los países andinos y Norteamérica son más de 150 personas las que fallecen al año por aludes y avalanchas.

Muchas de ellas quedaron sepultadas bajo este hielo o bajo sus casas las cuales se desplomaron por el peso de la nieve. Si se consulta la hemeroteca se pueden encontrar numerosas noticias que describen estos sucesos donde en el pasado estos lugares fueron afectadas de manera crítica por aludes.

Además de afectar a personas y poblaciones también resultan dañadas numerosas infraestructuras la mayoría relacionadas con la comunicación y el transporte.

Una de las primeras consecuencias tras un alud es el corte de vías de comunicación y carreteras al quedar en varios tramos sepultadas por la nieve. En estos casos se hace necesario retirar todos esos miles de toneladas de nieve y hielo mediante máquinas excavadoras y quitanieves en tareas que pueden durar varios días según sea la dimensión del alud.

También es frecuente el corte de vías de ferrocarril así como la rotura de tendidos eléctricos, líneas de teléfono y otras infraestructuras.

Zona de avalanchas en la Sierra de Guadarrama (Madrid) durante la primavera.

Física del alud de nieve y avalancha.

El alud se forma por deslizamiento de capas de nieve que hay caído sobre otras capas anteriores cuya superficie se ha helado. Así, cuando se forma una capa tras otra por las diferentes nevadas caídas se superponen y quedan separadas por una delgada capa de hielo. En estos casos solo hace falta superar un peso concreto para que todo el conjunto, por capas, se desmorone resbalando ladera abajo.

Estas capas que se desprenden por su propio peso y variaciones en las temperaturas, pero también lo hacen a causa de una vibración que se produzca en el entorno.

El conjunto helado se comporta de un modo muy parecido a un vidrio rígido. Toda esa masa de nieve y hielo sobre la montaña es muy parecida a un cristal con fisuras.

Zona de avalanchas en la Sierra de Guadarrama (Madrid) durante la primavera.

En este ejemplo las fisuras naturales son las diferentes capas de hielo. Cuando se produce una vibración el equilibrio se rompe y se pierde la cohesión del conjunto de manera que las partes más expuestas y frágiles se desprenden.

La vibración puede ocurrir por un pequeño temblor terrestre pero la causa más frecuente es la vibración sónica. Si se produce un sonido fuerte como por ejemplo tocar el claxon de un vehículo, una sirena, o viene disparar un arma de fuego ( por caza o tiro deportivo ) o bien celebrar mediante fuegos artificiales un evento, esa onda sonora es capaz de afectar a esas masas nevadas de manera que se produce su desprendimiento.

También el vuelo a baja altitud de un avión o un helicóptero por esos valles suponen un riesgo altísimo de producir un alud.

Puede parecer que estos sonidos son de poca importancia pero dependiendo de la acústica del valle se produce una amplificación del sonido debido a la forma de ese valle siendo tal que cuando llega esa onda a la zona de nieve acumulada, el sonido de origen se ha amplificado muchísimo siendo muy probable que se produzca el alud.

 

Rescate y salvamento.

Como se señalaba antes los aludes y avalanchas producen numerosas víctimas cada año. Pero no todas las víctimas por esta clase de accidentes fallecen, hay muchísimas que sobreviven.

Con el objetivo de proteger a la población existe toda una red de servicios de emergencia como sanitarios, médicos de montaña, especialistas en nieve y técnicos, fuerzas de seguridad y protección, atención de emergencias y servicio de rescate.

Región de alta montaña con árboles que actúan como barreras naturales de avalanchas y aludes.

Hay unidades especiales de rescate para este tipo de accidentes. Una de las más eficaces es aquella que emplea perros especiales que cuentan con un gran olfato y oído, y están especializados en la detección y el rescate de personas bajo la nieve.

Para la búsqueda y rescate se dispone además de helicópteros, vehículos oruga, motos de montaña, y otros medios de transporte y movilidad además de equipos especiales de escaladores y esquiadores expertos capaces de llegar a la zona del siniestro por muy difícil que sea.

También hay una gran cantidad de artilugios que se emplean para la prevención en caso de accidente por un lado y por otro para el rescate.

Algunos de ellos son los equipos de radar terrestre para encontrar a personas cuando la avalancha se ha producido.

De un modo preventivo hay muchos esquiadores y personas que transitan zonas de montaña con riesgo de alud que llevan consigo sistemas autónomos para respirar mediante un sistema de tubos que recicla el aire en caso de que la persona quedase atrapada bajo la nieve. Va alrededor del cuello y está integrado junto a la ropa de abrigo que esa persona lleva.

Otros sistemas son mochilas especiales y abrigos de montaña especial que llevan un sistema de flotadores o airbag que se acciona para crear un gran volumen al instante mediante gas. Por una parte protege a la persona del peso de la nieve de la avalancha y por otro crea una cámara de aire en la nieve que permite respirar durante más tiempo cuando queda atrapada.

También estos sistemas llevan un dispositivo de radio frecuencia que emiten una señal de emergencia que activa una baliza indicando el lugar donde se encuentra la víctima.

Zona de avalanchas en la Sierra de Guadarrama (Madrid) durante la primavera.

Prevención.

En la prevención de estas avalanchas y aludes de nieve hay varios sistemas que se han diseñado con el tiempo.

Los más útiles son los servicios de prevención pasivos.

En estos casos se trata de sistemas artificiales de barrera que desvían la nieve hacia lugares más alejados de la población. Estas barreras en otros casos se comportan como compuertas de contención que suponen un obstáculo en el avance de esa nieve cuando se desliza.

A veces estos sistemas no son efectivos por las grandes dimensiones del alud y es necesario usar otros sistemas de prevención activos.

En este grupo se encuadran todos esos sistemas que provocan avalanchas y aludes de manera controlada. Se hace uso de ellos en el momento en que esas acumulaciones de nieve comienzan a tener un cierto volumen y suponen un riesgo elevado.

El más conocido es el de generación de explosiones controladas con ayuda de explosivos.

De esta manera esos dispositivos se colocan de modo manual en las zonas de riesgo, bien en la cumbre por parte de escaladores, o también desde un helicóptero colocándolos mediante pértigas que son lanzadas. Una vez situados esos explosivos se accionan a distancia para su detonación.

En la labor de ofrecer información en tiempo real del riesgo de que se produzca un alud, existen empresas especializadas que cuentan con sistemas de monitoreo y alarma para la prevención de amenazas naturales. Un ejemplo es la empresa Geopraevent.

Uno de los sistemas desarrollados es el radar de avalanchas. Se trata de un sistema capaz de realizar mediciones a más de 3.5 km pudiendo cubrir áreas de hasta 9 kilómetros cuadrados.

Este sistema envía de modo automático alertas antes de que se produzca la avalancha así como en caso de que la misma se produzca. Funciona veinticuatro horas al día todos los días del año, de día y de noche mediante un sistema de láser e infrarrojos.

Infografía de la empresa Geopraevent que muestra su Radar de detección de aludes en el Fiordo Holmbuktura (Noruega)

El sistema se puede combinar con un georadar, con un radar de taludes, y webcams. Toda la información queda registrada y es procesada en una central de control y seguimiento que emite alertas a los servicios de emergencia.

Otras maneras de prevenir o paliar estos accidentes es mediante una arquitectura eficaz e inteligente de carreteras y autopistas.

Por ejemplo mediante la creación de túneles o puentes que eviten estas zonas de riesgo o mediante trazados que impiden ser afectados por los aludes. A veces eligiendo un trazado concreto, tal vez dando un rodeo mayor, impide estar próximos a una zona de riesgo de alud.

Hace ya al menos dos décadas que se pusieron en marcha sistemas parecidos en donde se podía detectar el momento en que se producía el alud y su aviso a los conductores que circulaban por las carreteras afectadas.

La circulación por estas carreteras estaba limitada a una velocidad baja muy concreta que bajo ningún modo se debía superar. Los conductores conocían de dicha prohibición cuando transitaban por estos lugares. El circular más rápido podía producir, por el ruido y vibración del motor, esos mismos aludes que ocurrían de manera natural.

El sistema se puso en marcha en regiones escandinavas y era tan innovador que por una parte cortaba los accesos por carretera a la zona que iba a ser afectada por el alud, la cuál quedaría llena de nieve y hielo en cuanto llegase a abajo. Y por otro lado los coches que ya se encontraban transitando por la zona afectada, eran avisados por un sistema de alerta físico en carretera mediante señales luminosas.

Cuando esto ocurría esos coches seguían circulando sin variaban su velocidad. Estos conductores acostumbrados a estos sucesos, no aceleraban el vehículo como sería lo lógico. El acelerar y aumentar la velocidad es lo que podía producir más aludes o amplificar los que en ese momento tenían lugar.

El sistema estaba tan bien calculado que sin necesidad de superar esa velocidad, los vehículos podían llegar a la zona de seguridad con margen suficiente. En la actualidad estos sistemas son, si cabe, más eficaces aún.

Infografía de la empresa Geopraevent que muestra software de detección de aludes regiones escandinavas.

I+D+I

Existen varios grupos de investigadores en donde se desarrollan nuevos sistemas, cada vez más eficaces, para la medición y el control de estas avalanchas. Estas investigaciones se ponen en marcha mediante empresas que permiten su implantación en regiones de riesgo.

En España estos grupos de investigación han contado con la colaboración del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y el Instituto de Geomática y se han encuadrado en el sexto programa marco de la Unión Europea.

Algunos de los lugares donde se realizaron dichas investigaciones fueron la zona de Portalet, en Formigal (Huesca) en los montes Pirineos. Allí es frecuente que se produzcan deslizamientos que son, mediante estas líneas de investigación, monitorizados y medidos mediante láser escáner y radar terrestre.

Existe una red a nivel mundial para la prevención de esta clase de fenómenos en donde se intercambia la información disponible en el sector así como la innovación técnica y tecnológica.

Además de la detección en superficie de esta clase de fenómenos existen otros proyectos de teledetección mediante satélite así como sistemas de predicción de acumulación de nieve y zonas de riesto mediante simulaciones.

En otro orden también hay otros proyectos de innovación dedicados a romper las zonas de aludes antes de que se produzcan mediante sistemas de impacto sónico por citar alguno de ellos.

Por último mencionar que todas estas innovaciones mencionadas convergen en sistemas que están cada vez más estandarizados así como integrados en las modernas redes inteligentes de carreteras así como en vehículos cada vez más autónomos e hiperconectados a una red global que cuida y protege de los pasajeros, conductores, vehículos, carreteras y resto de infraestructuras.

Zona de avalanchas en la Sierra de Guadarrama (Madrid) durante la primavera.

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