Asfalto y patrimonio.

En lo concerniente a la conservación de monumentos, espacios públicos y patrimonio reviste un especial cuidado todo aquello que tiene que ver con la obra y su espacio a conservar así como los accesos a los mismos.

En este sentido, las plazas que lo rodean, sus calles exteriores de acceso así como las vías situadas en su interior, se consideran, según los casos, parte de ese patrimonio.

Algunos ejemplos sencillos de clasificar son aquellos que definen con precisión la obra en cuestión. Patrimonio puede ser un lienzo, una escultura, y puede ser también el edificio en sí que contiene estas obras como por ejemplo un palacio, un convento o un castillo.

«Fuente de los baños de Diana» en la Granja de San Ildefonso (Segovia). Vía asfaltada dentro de los jardines.

Hay otros casos en donde debido a la importancia histórica y riqueza patrimonial del entorno, son considerados parte de este patrimonio conjuntos de edificios enteros junto con sus estancias, jardines y patios adyacentes, así como algunas de las calles que se sitúan entre los mismos.

También se pueden encontrar casos más notables en donde son consideradas obra patrimonial ciudades enteras como por ejemplo la ciudad de Toledo.

En casos así es necesario interpretar de manera adecuada la ley que protege ese valor patrimonial. Dicha interpretación se anexa a cualquier plan y proyecto de reforma de tipo arquitectónico o de obras públicas de modo que se siguen esas directrices en todo momento.

Si estuviésemos hablando de una obra concreta como un piano histórico o un violín, la restauración y/o reparación del mismo, en caso de que hubiese sufrido daños, se ajusta a una conservación idéntica a la que tenía en su origen. En caso de sustituir algunas de sus partes, se emplean materiales de la época, si es posible y existen o bien aquellos que más se le asemejen.

Cuando esta restauración corresponde a un edificio se sigue el mismo criterio. Tal vez, por sus dimensiones, como puede ser un gran palacio así como sus extensos jardines, sea necesario incorporar algunos elementos nuevos, más prácticos y modernos sin que afecte al conjunto estético.

A continuación se describen cuatro ejemplos que recogen algunos de estos supuestos. Uno de ellos es el de una calle toledana en donde solamente se puede emplear piedra en la vía pública piedra.

Centro histórico de la ciudad de Toledo que incorpora elementos modernos como semáforos y control de accesos.

Cuando se trata de una calle muy ancha y con un tránsito de vehículos notable, se opta por el adoquinado. En las calles y callejuelas más estrechas, se opta por una mezcla de empedrado más fino que se cementa.

Estéticamente se mire donde se mire dentro de la ciudad, todo parece idéntico. El suelo de las calles, las paredes de las casas así como muros y otros elementos están construidos con el mismo material.

En esta modalidad, cuando es necesario, para dar una mayor funcionalidad al conjunto, se dota a estas calles de elementos modernos como semáforos y pilotes de regulación de accesos para la circulación de los residentes que viven en dicho casco antiguo.

Dicho casco histórico no está muerto sino vivo, y es precisamente la ley de patrimonio la que permite su revitalización haciendo que el pasado histórico de la ciudad sea funcional en el presente de acuerdo a las necesidades actuales.

Este es el mismo criterio que se ha seguido en barrios del centro madrileño donde las calles son enteras de adoquín con igual color a las fachadas y edificios cercanos. Lo mismo ocurre en otras ciudades como Cuenca también considerada bien patrimonial.

Sin embargo sí se permite el uso de elementos modernos como el asfalto en vías públicas, patios y accesos a parques que se sitúan dentro de ese espacio patrimonial cuando se cumplen los requisitos de relación estética del entorno.

Espacios públicos pavimentados con piedra y asfalto entre la Catedral y el Palacio en la ciudad de Madrid.

Ejemplos de ello se pueden encontrar también en la ciudad de Madrid en su conjunto histórico donde se sitúan algunos de sus edificios más emblemáticos y que antiguamente ocupaban el recinto original amurallado.

Conforme fueron pasando los siglos la ciudad fue cambiando.

En la actualidad, siguiendo esta ley que regula su conservación original en los aspectos que son posibles, tanto calles como edificaciones han ido sufriendo cambios y transformaciones manteniendo el mismo nivel estético y la misma relación de aspecto que ofrecían en su origen.

Si visitamos las inmediaciones del Palacio Real de Madrid, el amplio espacio que separa el patio de dicho palacio de la catedral es una mezcla de áreas de asfalto rodeadas por losas de granito.

Estéticamente el conjunto mantiene una coherencia estética adecuada y, visualmente, dichos elementos nuevos no se perciben como tales. Más bien parece que siempre estuvieron allí.

Y otro ejemplo que sigue ese mismo criterio está en los jardines del Palacio de la Granja en Segovia en donde se ha empleado asfalto para pavimentar vías principales de acceso a sus conocidas fuentes y que son parte de ese conjunto patrimonial.

Pavos reales caminando sobre asfalto en jardines de patrimonio histórico.

Fuera de nuestras fronteras, en grandes conjuntos monumentales, el criterio es idéntico de manera que igualmente podemos encontrar carreteras, patios y calles asfaltadas junto a monumentos antiguos sin que eso reste valor histórico a los mismos.

Como se ha visto, según sea el caso, en su diseño y modernización, la obra patrimonial se podrá ver afectada o no en mayor o menor medida de acuerdo a las opciones disponibles y en donde se pueden incorporar elementos modernos sin que eso lo afecte.

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